¿PARA QUÉ NOS SIRVE LA ILUSIÓN?

Mañana es día de Reyes, la última de las grandes fiestas navideñas. Siempre me ha gustado salir a la calle y ver a los niños disfrutando de los regalos dejados la noche de antes por esos excelsos personajes.



Observar la alegría y expansión de los niños me hace pensar en la ilusión, que al igual que la imagen de los magos, ha caído en una especie de confusión mental. Si nos damos cuenta, cuando hablamos de ilusión uno suele asociarlo con la idea de iluso, es decir, un personaje con no muchas luces en su intelecto que se deja llevar por la fantasía. Sin embargo, ilusión tiene que ver con luz y si uno se deja iluminar la palabra cobra todo su sentido y se convierte en una actitud que nos ayuda a superar cualquier obstáculo.

¿Sirve de algo la ilusión? Si atendemos a las portadas de los periódicos podríamos pensar que no sirve más que para engañarnos a nosotros mismos, una manera como otra cualquiera de ocultarnos de una realidad que se nos impone como un demonio de oscuridad y malas noticias. Desde mi punto de vista es precisamente lo contrario. Si la ilusión significa estar en consonancia con la luz, el órgano que nos permite contemplar esa luz son los ojos y todos sabemos que no se puede ver con los ojos tapados.

Quizá el problema radica precisamente en eso, en que tanta adversidad actúa para evitar que contemplemos la realidad tal cual es, con sus miserias pero también con su ración de alegría diaria. Y esto no es ser iluso, esto es saber ver. Seguro que habéis oído aquello de “todo depende de los ojos del que mira” y cada día tengo más claro que esta aseveración es completamente cierta. ¿Y si resulta que no sabemos mirar?¿Y si a algunos pocos le interesa que la mayoría creamos que ya no hay esperanza?¿Y si nos han borrado del mapa los prados verdes, los ríos y los bosques y nos han hecho creer que la Tierra es sólo un desierto de inmundicia y maldad?

Probablemente la primera de las capacidades que tengamos que cultivar sea la de ver, ver en el sentido de la palabra verdad: contemplar sin más, dejándonos influir realmente por lo que vemos y no por lo que creemos que estamos viendo. El otro día, un amigo muy cercano caminaba de regreso a su casa por el centro de Madrid. Le salieron al paso dos personas con no muy buen aspecto para pedirle un cigarrillo, a lo cual mi amigo no puso reparos. Hasta aquí nada nuevo. Pero en vez de salir huyendo de la situación, mi amigo se paró para conocer un poquito más quiénes eran esas dos personas y por qué se encontraban en esa situación. Ninguno tenía donde pasar la noche. Un par de llamadas al Samur Social y dos personas que esa noche durmieron, al menos, acompañadas y bajo techo.

Podría parecer una insignificante anécdota navideña de esas que las televisiones gustan de emparedar en estas fechas en mitad de las riadas de violencia y catástrofe con los que nos tienen acostumbrados. Podría…pero el suceso me hace pensar en las pocas veces que realmente miramos a los otros. Y si no me creéis, probad el siguiente ejercicio: Cierra los ojos por un momento y trata de recordar el color de los ojos de tu compañero, el que tienes más cerca de ti en este momento. Es posible que no sepamos de qué color son, así que ya no os preguntaré por si sabéis cómo brillan cuando está contento o contenta o cómo se vuelven opacos en la tristeza de sus infortunios, de esos que en mayor o menor medida, todos vamos cargando.

No se trata de haceros sentir culpables, sólo de haceros reflexionar un poco sobre la forma que tenemos de relacionarnos con los demás. Las más de las veces, colocamos una etiqueta a la gente y la incluimos en el saco correspondiente. Quizá sea hora de recuperar la ilusión, de recuperar la capacidad de ver, de recuperar a la persona que tenemos al lado y así, también recuperarnos a nosotros mismos.

Seamos sinceros, cuando en vez de contemplar el mundo a la luz de nuestros mapas, o peor aún, a la luz del mapa que otros han construido para nosotros, podemos acercarnos a la realidad tal cual es, empezamos a descubrir que la vida no son sólo blancos y negros. Una vez que toda la gama de tonalidades se extiende ante nosotros, ya no podemos permanecer impasibles, ya no podemos escudarnos en la coraza de nuestros prejuicios, ya no podemos pasear por la calle haciendo como si no me importara que una persona duerma en la calle, porque más allá de la fachada, de la máscara, podemos contemplar a la persona real que hay detrás. Una persona con los mismos derechos que yo. Ante este hecho, nadie puede permanecer impasible.

Ilusión significa ver y descubrir. Cuando después de atravesar un largo túnel salimos de nuevo a cielo abierto, la luz duele, los ojos se cierran para protegerse. Nos sentimos, por un momento, deslumbrados. Pero cuando el primer destello pasa y nos atrevemos a abrir los ojos, los del cuerpo y los del corazón, la realidad cobra todo su sentido, la naturaleza despliega todo un abanico de colores desplegado para nosotros. El asombro detiene el incesante pensamiento por un instante y ese instante se vuelve nuevo y eterno.

Perder la capacidad de ilusionarnos es perder la capacidad de asombrarnos. Cada cual tiene la decisión de ocultar la basura debajo de la alfombra. Que al menos nos demos cuenta de que esa decisión, lleva asociada la consecuencia de no poder disfrutar de los mil y un colores de la existencia. Que al menos seamos conscientes de que no querer ver es también no querer vivir. Que al menos no nos sorprendamos, cuando me despierte una mañana sin energías para levantarme de la cama. Porque la toma de conciencia es el primer paso para quitarnos la venda de los ojos.

Feliz e ilusionante semana para tod@s. Un abrazo,

EDU

3 comentarios:

  1. Qué casualidad!! A primera hora de hoy había publicado en facebook la siguiente frase: "Lo que realmente importa es estar a la altura de nuestras ilusiones".

    Quizá "no querer ver" no signifique "no querer vivir" sino simplemente no saber cómo hacerlo.

    Hoy me he levantado con el firme propósito de creer. Yo también espero mi regalo de Reyes con ilusión...

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  2. CADA, me da a mi que tendrás algo chulo... no sé que es pero ya me contarás!!!

    Por cierto EDU, me ha encantado el Post, lo malo es que me pillas en un día flojo... porque hecho de menos a mi Reina que siempre me traía lo que quería aunque tuviera que remover Roma con Santiago para encontrarlo. Hoy mi reina estará en el cielo y debajo de mi arbol tendré un regalo para ella!!!

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  3. Querid@s amig@s: Muchas gracias por vuestros comentarios, a pesar de que ciertos días nos acordemos de aquellos que no están, la ilusión y el agradecimiento por los momentos compartidos son la mejor receta para seguir estando a la altura de nuestras ilusiones. Por cierto, una gran frase...Un abrazo enorme. EDU

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