5 AÑOS ALEJADOS EN 5 HORAS

Algunas personas afirman haber vivido un gran estrés cuando se mudaron. Los psicólogos se refieren a esta situación como un posible momento de vivencia estresante por todo lo que conlleva: cambios, prisas, mover todas las pertenencias, acostumbrarse a un nuevo lugar, etc. Y aún hay más: es necesario afrontar el duelo de la pérdida del espacio que se moraba con anterioridad.

Hay diferentes causas por las que una persona puede decidir mudarse. En ocasiones es por una condición laboral, por ejemplo; y, en otras, puede ser la necesidad de romper con el pasado y emprender un nuevo proyecto.

Yo también me he mudado. Y lo he hecho en muchas ocasiones. Seguramente no me gusta estar siempre en el mismo sitio. De hecho, nunca he permanecido en el mismo hogar más de 5 años. Esta vez, las motivaciones han sido muy diferentes a tantas otras y, además, esta vez también he sentido de forma diferente la despedida del lugar que dejaba.

No estoy muy segura del motivo exacto. Sé que me desperté un día con la necesidad de dar un giro a todo y de desprenderme de ataduras. Quería sentirme más libre y, por qué no, más liberada. Probablemente, en mi cabeza se esté gestando un proyecto que, si bien ahora no es inmediato, es necesario ir asentando poco a poco. Puede que esté preparando el camino a un futuro que ya estuvo en mi mente hace muchos años y que vuelve a mí una y otra vez. Tal vez esa locura termine por producirse. De pronto, cuando quise darme cuenta, había seis desconocidos en mi casa desmontando muebles y metiendo todo en cajas a gran velocidad.

He vivido en esa casa los 5 últimos años de mi vida. De pronto, ya no quedaba nada. El salón estaba completamente vacío. Abrí una pequeña escalera de mano y me senté a contemplar el eco. Recordé la primera vez que entré. En ese rincón de ahí me había hecho una fotografía que envié a mis amigos para que vieran mi nueva casa. Recordé la primera comida, cuando aún no tenía muebles y dispusimos la mesa sobre unas cajas. Recordé las motivaciones que me habían llevado a vivir allí. Eché un vistazo sobre esos 5 años. La gente maravillosa que había conocido; los cafés que había disfrutado junto a la ventana de la cocina. Había vivido en sitios diferentes, pero era la primera vez que tenía la sensación de dejar mi hogar. Los 5 últimos años de mi vida se desvanecieron en tan sólo 5 horas.

Cada vez que me mudé, las veces anteriores, adopté la costumbre de hacer una especie de ritual de despedida consistente es echar un vistazo atrás. Recorría cada una de las estancias vacías y solía sonreírme recordando alguna anécdota. Cuando intenté realizar este ritual el otro día, me sentí extraña. Tenía la horrible sensación de estar haciendo algo mal. Me preguntaba constantemente por qué había tomado esta decisión.

Mi nuevo proyecto me ilusionaba enormemente, pero no podía quitarme de la boca del estómago la sensación de angustia. Esa era mi casa. El sitio por el que había peleado. El lugar que me traía recuerdos importantes. También era cierto que sabía que no sería permanente, que la ubicación no me encantaba, que quería algo diferente. Pero me había acostumbrado.

Es verdad: las mudanzas son estresantes. Más aún, es real que nos obliga a superar el reto de lo que dejamos atrás y lo que emprendemos de nuevo.

Mi primera noche en la nueva ubicación era extraña. Me sentía como si estuviera en un hotel. Apenas pude dormir.

Tres días después ya me estoy ubicando y empiezo a sentirme “como en casa”. Al fin y al cabo, las casas sólo son lugares donde vivir…

CADA.

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