EN LOS PUNTOS LIMPIOS SE JUEGA SUCIO (PARTE II)

En la primera parte de este post nos quedó una pregunta pendiente de ser respondida:

Algunas de estas personas, independientemente del punto limpio en el que trabajen, ¿son antipáticas por el olor producido por los residuos, por la acumulación de preguntas estúpidas, por frustración o por devoción?

Vamos a tirar de esta pregunta para analizar las causas de la dificultad inherente, en muchas personas, a dar un correcto trato personal cuando se enfrentan a un cargo de cara al público.

Todo el mundo tiene ahora mismo en la cabeza aquel día en el que situándose delante de una ventanilla para resolver un problema terminó con ganas de saltar al otro lado y hacer uso de eso que en los tribunales, tan amablemente, nombran como “locura transitoria”. 

En este tipo de situaciones queda patente que los clásicos programas de televisión de tipo reallity-show están justificados. Uno acaba pensando: “ahora entiendo lo que enajenó a mi vecino del quinto, pobrecillo, el resto de vecinos le criticaban mientras se le llevaban detenido…”



Para tratar de ver los dos lados de la misma moneda, tenemos por una parte, la persona que atiende en la ventanilla y, por otra, el que es atendido si se le corresponde.

Cuando la situación llega a límites insospechados para ambos puede deberse a dos razones:

1-      Alguno de los dos, o incluso los dos, no han desayunado esta mañana.
2-     Alguno de los dos, o incluso los dos, llevan una vida demasiado estresante.

Al encontrarnos ante la segunda razón, la gente tiende a pagarlo con el primero que se le planta delante. El que atiende al público está harto de que se le pregunte lo misma una y otra vez, lo que le lleva a contestar con desgana. Ha convertido su monotonía diaria en un sacrificio. Cuando el que pierde los papeles es el que espera a ser atendido, las razones tienen que ver con el exceso de burocracia y la falta de comprensión.

Pero, por si muchas más veces de lo que creemos, en realidad, nuestros problemas tienen que ver con el primer motivo, me voy a permitir aconsejar a todos mis lectores que empiecen la mañana con un buen desayuno.

En segundo lugar, conviene tomar la decisión de sonreír a la gente. ¿Habéis experimentado la satisfacción tan enorme que produce el regalo de la sonrisa de un desconocido?

Deberes de esta semana: Regalar mi sonrisa a los desconocidos. Cuando estemos lo suficientemente entrenados en esta nueva y reconfortante habilidad, seremos mejores personas y, por ende, nos estaremos autocumpliendo en la máxima mejor que hay en nuestra vida: tratar de ser más felices…

CADA.

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