CULTO AL CUERPO

“Ser guapo no te da la felicidad, pero te la pone al alcance de la mano” Robert Redford.

Voy estando preocupada y especialmente confusa al observar, sobre todo ahora que se observa más que se escucha, que cada vez se tiene más en cuenta, para estar en un buen nivel social, afectivo y laboral, el triunfo de la belleza sobre la inteligencia. Aquello de “tanto tienes tanto vales” habría que transformarlo en “cuánto más bello eres más cotizas”. Es sabido que entre las encuestas, incluso las callejeras, no por ello menos rigurosas, en las que se pregunta a varones si como pareja prefieren una mujer inteligente o guapa, estos son totalmente sinceros y no dudan en contestar que “guapa” y los más efusivos “que este buena”. Sin embargo las encuestadas afirman que prefieren un hombre inteligente a guapo. Pues mienten, casi todas. Y si no que se lo pregunten a ese chaval con un  cociente intelectual de 160 y digamos “poco agraciado” cómo le va en el mundillo del ligue.

Pero salvando las sempiternas divisiones de opinión entre ellos y ellas, es obvio que los que pasean cuerpazo y cara simétrica por el mundo tienen triples ventajas en cualquier campo que los demás mortales que nos desplazamos con una cara, un cuerpo, dos brazos y dos piernas. “La belleza física vale más que cualquier otra carta de presentación” decía ya Aristóteles, sin la existencia de la televisión, el cine y las cámaras digitales que ayudaran a propagar tal afirmación.

Pero volviendo a mi preocupación sobre en qué manera incidirá esta imperiosa necesidad de “estar bello” en cualquier contingencia de nuestra vida y sobretodo en la población de los treinta y tantos, que en la actualidad compone la mayoría del tejido intelectual, económico y laboral de nuestra sociedad. Podremos seguir madurando, progresando, alcanzando logros en todos los ámbitos y materias, si la mitad de nuestro potencial lo dedicamos al ejercicio físico, la dieta y por qué no a la lucha antiarrugas.  


Tengo treinta y pocos y sin pretender justificar el exagerado “culto al cuerpo” que hoy impera entre jóvenes y no tan jóvenes, rompo una lanza en su favor reconociendo que sentirse bien con tu cuerpo se completa con sentirse bien contigo mismo emocionalmente. Te da seguridad en el trato con los demás, desarrollas una concentración mental sin ambages que desvíen la atención, y si además contribuye a mejorar la salud de una sociedad que presume será centenaria pues bienvenido sea el culto al cuerpo ¡sin exagerar!.

E.G.S.
30 Años
Madrid.

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